Debajo del puente !

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…Le doy a Pinjás Mi pacto de paz…” (Bamidbar 25:12)

Y habló el Eterno a Moshé: “Pinjás… aquietó Mi ira sobre Israel, al celar Mi celo…”. Pinjás quien no pudo perdonar la degeneración del Pueblo de Israel tras la idolatría y demás pecados, con un hecho de verdadera entrega por la unidad del pueblo de Israel mereció la herencia del sacerdocio para su descendencia y por la eternidad.

Pinjás actuó en contra de los dictámenes de la Torá, pues sin considerar la obligación de advertencia, juicio, testigos y demás condiciones que exige la Torá para castigar, tomó la justicia en sus manos y condenó a muerte a dos errados. Pinjás sabía que lo que estaba haciendo era incorrecto, pero asimismo, sabedor de que el Pueblo de Israel tiene asegurada su continuidad si mantiene, “sin ningún tipo de concesiones”, la pureza de la familia y la plena convicción de la Hashgajá (dirección y control Divino).

Valores indudables como el respeto paterno, las limitaciones en la vida matrimonial, la educación, mantener la continuidad y la proliferación, una obligación y no una necesidad, en el matrimonio un precepto y no una sociedad económica, los conceptos se han volcado de tal manera que la lógica se ha convertido en extremismo y, aunque el mundo pareciera en ciertos momentos navegar sin rumbo, prefiere fijarse en su pequeño entorno y convencerse que su piso está bien asegurado, sin pensar en ese ejemplo de nuestros Sabios, en el que el pueblo judío se compara con un barco en el que cada particular ocupa su camarote y donde puede llegar a pensar que sus hechos solamente le incumben a él y no repercuten en los demás, hasta llegar a pensar que es en base a sus “derechos humanos” y a la “libertad de expresión”.
Ambos preceptos en ciertos casos llevados al extremo de lo ilógico le permiten agujerear su camarote ya que en su dominio tiene “derecho”.

Difícilmente podremos encontrar quien no critique a la una juventud que por falta de experiencia y criterios suficientes, se ven envueltos en la agresividad.
El refrán dice “más vale evitar que curar” parecería no estar muy de acuerdo con la tendencia a la experiencia de lo desconocido, a la aventura por lo nuevo, a la búsqueda de nuevos mundos y hasta por encontrar una gota de agua en Marte, que pudiera despertarnos más preguntas de las que ya tenemos.

El cartel debajo del puente anunciando la pronta inauguración del hospital que tratará a todos los damnificados en accidentes por las malas condiciones del mismo, sería aplaudido por la gran mayoría de los usuarios del puente, en vez de preguntarse la trivial pregunta: ¿No sería más efectivo y económico reparar el puente, en vez de construir todo un hospital para curar a los accidentados?

Nuestra mira es tan limitada que solo buscamos soluciones fáciles a corto plazo.

Pinjás pudo ver el corto plazo de los acontecimientos y no peligrar su carrera política como sobrino del presidente de la nación judía, pero él sabía que aunque él se salvara, su descendencia caería en la perdición de lo superficial e intrascendente.

En hebreo, la palabra “Shalom” no significa únicamente “paz”, sino que además denota la calidad de algo completo y perfecto: la paz que no es completa y perfecta no es una paz verdadera. Y así como solamente puede haber Una Completitud y Una Perfección, también solamente puede haber una sola paz verdadera: la paz de Hashem, pues únicamente “Aquél que hace la paz en Sus alturas, Él hará la paz para nosotros y para todo Israel…”

Si algo es inmoral, la pacificación no es paz, ni conduce a la paz. Por su parte, un acto de fanatismo desprovisto de intenciones puras puede ser un crimen por sí mismo. Por ese motivo, la Torá señala que Pinjás actuó “para su Di-s”, vale decir, que no tenía ninguna motivación en absoluto más que cumplir con la voluntad de Hashem. Únicamente cuando la intención es absolutamente pura, el fanatismo puede conducir a un “pacto de paz”